Que lamentable fue enterarse de la tragedia en que murieron 7 brigadistas forestales en Carahue, región de la Araucanía. Lo más triste es que las lamentaciones del por qué sucedió, vino después y como estamos en Chile, todas las irregularidades se saben después de la catástrofe.

Predecible es pensar que los brigadistas no contaban con equipos e implementos adecuados para combatir este tipo de siniestros.

El único sobreviviente delató al día siguiente en que los sistemas de radios de comunicación fallaron, y más aún, hace 1 año que la empresa sabía del mal funcionamiento de éstos. Resultado 7 muertos, 2 heridos y 1 ileso. Conclusión, tragedia evitable, si se parte de la base, que 9 de los 10 buscaban en una tormenta de fuego al que salió sin problemas que lamentar.

E insisto como estamos en Chile, toda decisión se toma literalmente, después que la cagada está hecha.

¿Quién fiscaliza a las forestales, a CONAF y etc.?

La respuesta es NADIE.

En Chile poco y nada se fiscaliza. Una vez más el estado falla, siempre llegando tarde a los hechos y para colmo salta al escenario un Ministro del Interior desesperado por culpar a quien sea, para acaparar resultados en temas de delincuencias, sin mediar investigación alguna acusa a la Coordinadora Arauco Malleco de la catástrofe. Obviamente, al pasar los días, su teoría se desvanece, cayendo en la estupidez, que provocan el rechazo de la ciudadanía. PATETICO.

A la vez, vemos al Presidente Piñera, haciendo declaraciones basadas en la nada y la cosa ni una, donde no actúa con la cautela necesaria para este tipo de desgracias, acusando a diestra y siniestra, pero sin nombrar a nadie.

Volviendo al inicio de esta nota, que triste ver que casos como el de la muerte de los 7 brigadistas, se repiten en otra áreas, donde miles de trabajadores viven bajo el abuso de sus jefes, con condiciones de trabajo deplorables donde son cómplices no sólo los empresarios, sino que el Estado como ente fiscalizador.

Esto es CHILE. Siete muertes injustas y evitables.

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