Ya no es novedad enterarse que la Iglesia Católica se vea envuelta en acusaciones, donde sacerdotes o curas, como quiera llamarlo, estén involucrados en delitos de abusos sexuales contra menores, y ahora, el caso de un seminarista en los años 90.

No puedo afirmar si la acusación del ex seminarista Mauricio Pulgar quien afirmó que durante la década de los 90 -a la edad de 13 años- fue víctima de abusos sexuales por parte del fallecido sacerdote de Quilpué José Donoso Chellew.

El actual obispo de la Comunidad Iglesia Cristiana El Comienzo también acusa al actual Obispo de Valparaíso, Gonzalo Duarte, mientras era profesor de liturgias.

Como era predecible, la Iglesia Católica, mediante un comunicado afirma que no han recibido antedentes de dicha acusación de Pulgar, pero que de existirlas, se investigarán y se darán a conocer a la opinión pública.

El tema no pasa ya por esta última denuncia, sino por el daño a la imagen de la Iglesia católica, hoy muy mal evaluada por la ciudadanía. Lo peor es, que no se ve una actitud firme por parte de sus autoridades, en reconocer y castigar con dureza los hechos que involucran a sus miembros, más bien  caen en un silencio, que molesta y daña a los afectados, y que da para pensar, en, por ejemplo, que no quieren asumir la situación o no quieren investigar estas atrocidades.

El caso más emblemático de la Iglesia Católica, es del pedrasta y abusador sexual, el cura Fernando Karadima, párroco de El Bosque hasta hace un tiempo, que no fue condenado de manera justa por la justicia chilena, pero peor es que hubo un Cardenal, Arzobispo de Santiago, Monseñor Errázuriz, que silenció esta acusación, que quiso ocultar, presumo para que no se dañara la imagen de la Iglesia o porque simplemente se encubrió el hecho para proteger al degenerado predicador.

Además es claro, que Karadima fue protegido por nobles empresarios, fieles y devotos de su parroquia (fieles de cartón), que, en una de esas, son igual de pecadores que el abusador.

Confieso que soy Católico, creyente y devoto del Padre Hurtado y Teresa de los Andes. Pero estos habituales sucesos de curas pedrastas, abusadores sexuales, degenerados y sucios, son los mismos que predican en las misas hablandonos de la paz, del amor al prójimo y respeto entre nosotros mismos.

No quiero generalizar, pero estos sacerdotes moralistas involucrados, me causan repugnación. De repente, no sé si el cura que predica cuando voy a misa, es normal, maricón o violador. No sé si el cura que me da la comunión o que bendice a mi hija, es un degenerado o pedrasta.

A la vez, es indigante que quienes dirigen esta “institución”, ya sea obispos, arzobispos, etc. no les he visto una postura clara, más que lamentar los hechos (eso es para la foto)  y que demuestren a la opinión pública, no solo un castigo a los culpables, sino que hagan una tarea ante los fieles, y por qué no, ante la ciudadanía, para limpiar la imagen, dañada y ensuciada por estos enjendros, durante los últimos años, en los trapos sucios salieron a la vista de todos.

No olvidar que estas denuncias de abuso sexual, etc. no sólo han ocurrido (y puede que en este minuto ocurran) en Chile, sino que en distintas partes del mundom las cuales se han destapado en los años anteriores.

Se ha visto una condena por parte de S.S. El Papa Benedicto XVI, donde se valora el pedir disculpas a nombre de la Iglesia. Pero creo que aún falta mucho. No sé qué, exactamente, quizás un mayor compromiso por terminar con esta lacra, pero es díficil llevarlo a cabo.

Lo que si sé, es que en el caso de Chile, las autoridades eclesiásticas, han actuado mal al reconocer de manera tibia (si esque es así) estos graves hechos. Han pecado de soberbia, por no asumir una realidad concreta, cierta y comprobada. El intento de encubrir a los curas despreciables, es grave, perjudicial e inmoral.

No nos vengan a predicar (me refiero a ciertos miembros de la cúpula de la Iglesia) de la moralidad, del respeto y del amor, si son ellos mismos, quienes son guías espirituales, enviados por Dios a cumplir esta tarea, lo que tapan actos ílicitos gravísimos.

Sucesos para meditar y pecados por pagar. El dicho “como pecas pagas”, en este caso es “como pecas, salvas”.

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