Una vez más, compruebo que la clase política de mi país, no hace nada por cambiar. Siguen siendo poco creíbles, intocables y altaneros. No se les puede decir nada. Más aún, cuando se les denuncia con nombre y apellido. Son tan pocas las figuras públicas destacables, que el resto pasan sin pena ni gloria. Aunque algunos pasan (valga la redundancia) con la mano larga para recoger lo que no les pertenece.

Estoy acostumbrado a que cuando escribo artículos de denuncias, principalmente que afectan a personeros públicos, la mayoría de los lectores me elogie, y que los afectados, me insulten con groserías y comentarios que solo grafica su ignorancia y prepotencia, habitual en los actores que ejercen cargos atractivos para quienes denunciamos s fechorías, como concejales, alcaldes, ministros, parlamentarios, etc.

Me sucedió con el alcalde de Villa Alegre, un Señor Palma, con el ministro de salud, Señor Mañalich y con otros, que no me vale la pena nombrar.

Alcalde Palma no se moleste tanto conmigo, más bien preocúpese de demostrar lo contrario. Ayer, recibí información, que tendré que investigar, en que su municipio presuntamente, hay irregularidades mayores.

Lo mismo Ministro, asuma que la atención en salud en algunas zonas rurales del Maule, por ejemplo, es deficiente. En vez de que sus subalternos me envíen insultos a mi twitter, trabaje para demostrar lo contrario, pero con HECHOS.

Es inaceptable que los involucrados emitan juicios tan ordinarios e incluso adornarlos con garabatos. La mala de educación que envuelve a varios de éstos, demuestra que no están calificados para ejercer cargos públicos. Cuanto aceptan meterse en este cuento, saben que están expuestos a las críticas, y por ende, a aceptarlas como tal.

Una vez más, puedo afirmar, como lo he hecho en columnas anteriores, que no son pocos que los que llegan a ejercer cargos en el estado, son gente sin preparación, con actitudes rascas contra quienes piensen distintos, que se sientan en su escritorio a improvisar, cosa que se grafica en el resultado de sus labores diarias.

Los periodistas somos, constantemente, vistos por la clase política, como presuntos enemigos. Para cuando se ven envueltos en irregularidades, siempre culpan a los medios de información, de manipular los hechos. Es cierto, hay errores y garrafales como en toda profesión, pero esto no es excusa de la afirmación que expreso aquí.

No sé a que le temen. Nunca olvidaré cuando un asesor (si no me falla la memoria, un tal Eyzaguirre) del Presidente Piñera me apuntó de que si era Periodista del medio El Mostrador, debía tener cuidado. Lo malo, es que nunca he trabajado para ellos. Esto fue una señal de prepotencia, cosa que los caracteriza.

Lo que pasa es que hay personajes que les gusta el poder, pero también les agrada la idea de ponerle ruedas a los recursos fiscales y llevárselos a la casa. Otros, por ejemplo, que se hacen pasar por gente de extrema pobreza, y que falsifican documentos fiscales, con el fin de obtener ayuda y beneficios (sí, esos mismos sinvergüenzas se los quitan a la gente que si los necesita), como subsidios habitacionales, bonos, etc. Vayan a Alto Hospicio y compruébenlo.

Le duele a la autoridad competente (más bien incompetente) que se hagan públicas sus deficencias o irregularidades en forma tan certera, con información recabada y responsabilidad. Ya que me dicen que no nombro, a veces, a los personajes públicos que se molestan, aquí van algunos de ellos.

1. Jaime Mañalich, actual Ministro de Salud. Se molestó cuando hice una severa acusación sobre la desastrosa atención en las postas rurales de la VII Región, de la falta de preparación de algunos profesionales en consultorios y hospitales públicos.

2. Guido Girardi. Senador de la República. Aunque lo niegue, fui un áspero crítico público, salió a pelear con Andrés Velasco o por su apoyo al Jorge Lavandero, procesado y condenado por abuso de menores.

3. Sebastián Piñera. Presidente de la República. Cuando le demostré con cifras en manos, que una familia no vive con un sueldo mínimo.

4. Marcelo Rivera. Alcalde de Hualpén. Actualmente procesado por malversación de caudales públicos, entre varias acusaciones judiciales en su contra. Las descalificaciones volaron.

5. Diputado Alinco. Con solo verlo me recuerda Garganta de Lata. Escaso méritos para ser diputado y exitoso en el arte de la voltereta política.

Estos cinco, solo por nombrar algunos.

Para concluir, mi reflexión llama a que este tipo de personajes, no sean tan soberbios a la hora de recibir una crítica. Más aún, cuando no tienen por donde defenderse. La arrogancia no conduce a nada. Insultar a un periodista tampoco, y menos, mandando a subalternos a teclear en forma desesperada.

En Chile, existe libertad de expresión y de opinión, pero parece que el gobierno de Sebastián Piñera, quiere todo lo contrario. La dictadura militar se terminó el 11 de Marzo de 1990. Pero en fin, muchos de los que ahora están en el poder, fueron cómplices de ella.

Por mi parte, teniendo mis pruebas y siendo responsable, como siempre, seguiré denunciando a quienes hacen mal su trabajo, sea del color que sea.

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